Inter­vención de Esther Ouwehand en el debate sobre soste­ni­bi­lidad y medio­am­biente


30 enero 2017

Un buen principio liberal es que tu propia libertad no puede limitar la de los demás. Eres libre para hacer lo que quieras, pero tu libertad termina allí donde interfiere en la del prójimo. Y eso es lo que ocurre si dejamos el planeta peor de lo que lo encontramos para las próximas generaciones. En este momento, la forma en que creemos podernos comportar en el mundo occidental ya tiene consecuencias para la libertad y las condiciones de vida de los demás. Y eso no está bien. Punto. Se puede decir sin tapujos.

Uno de los elementos clave de esta cuestión es la deforestación, una de las mayores causas de pérdida de biodiversidad y cambio climático en el mundo. Desde hace ya doscientos años nos vienen advirtiendo sobre los grandes peligros de la deforestación para la perpetuidad de la especie humana, y sin embargo, todavía no hemos puesto freno a la destrucción de las selvas más antiguas. Es más, la política medioambiental holandesa trata de vendernos la deforestación como algo bueno para la sostenibilidad del mundo. El Partido por los Animales sigue luchando por poner fin a la destrucción de bosques.

Empezando por la política de compras sostenibles legitimadas por la deforestación en Malasia, enseguida llegamos a la deforestación para la importación de biocombustibles. La política de compras sostenibles permite importar madera malaya. Tras una lucha de años, el lobby de la madera ha doblegado a la biodiversidad, al clima y a los habitantes de la jungla malaya. El antecesor de la actual secretaria de Estado, del CDA, propuso disfrazar de sostenible la madera malaya, de la que todos sabemos que no lo es. Hasta ahí ninguna sorpresa, porque algo así es lo que cabe esperar de un miembro de semejante gabinete de gobierno. Pero lo que me resulta incomprensible es que la secretaria de Estado actual, del PvdA, con sensibilidad para el medioambiente, finalice este trabajo sucio.

Los hechos son los siguientes: el gobierno malayo se negó a colaborar con la investigación de campo que quería realizar Holanda. El estudio que finalmente se pudo llevar a cabo, a cargo de la TPAC [siglas holandesas de Comisión de Control de Importación de Madera], no cumple de ninguna manera los requisitos necesarios para determinar la verdad del asunto. Apenas se consultó a representantes de los pueblos indígenas. La mayoría no se sentían lo suficientemente seguros para hablar, no se encontraban cerca y no recibieron la visita de los investigadores. El programa, además, no lo diseñó la TPAC, sino el gobierno malayo. Si un estudiante de doctorado escribiera su tesis de esa forma, recibiría un sonado suspenso. ¿Debemos conformarnos con esto para determinar nuestra política? Según un estudio de Sahabat Alam Malaysia (SAM), los derechos de la población indígena se siguen violando sistemáticamente y el país sufre un proceso de deforestación a gran escala. Cito literalmente: “Los indígenas de los bosques malayos sufren las graves consecuencias de la tala de madera. Sus bosques, árboles frutales y huertos se destruyen, sus ríos se contaminan, los animales y los peces desaparecen y proliferan las enfermedades, al tiempo que empeora el acceso a medicinas. Cada vez con más frecuencia se ven obligados a comprar alimentos, mientras que los ingresos del bosque disminuyen. A veces se destruyen incluso cementerios”. Muy sostenible nuestra política de importación de madera, sí señor. ¿Quién nos va a tomar en serio si seguimos por este camino?

Le pregunto a la secretaria de Estado por un contexto más amplio. ¿Por qué llaman sostenible a cosas que no lo son? Tenemos que hacer un verdadero esfuerzo por detener el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, y para ello necesitamos a todo el mundo: el gobierno, el sector empresarial y los ciudadanos. Si la gente observa continuamente una política de falsa sostenibilidad, me pregunto qué efecto tiene eso en la motivación para trabajar entre todos por un planeta más habitable. ¿Estará dispuesta la secretaria de Estado a discutir un contexto más amplio? Porque llamar sostenible sistemáticamente a cosas que se puede demostrar que no lo son, tiene en mi opinión unos efectos secundarios muy negativos que no nos podemos permitir.

Lo mismo se puede decir de los biocombustibles y, muy concretamente, del aceite de palma de Malasia, Indonesia y otros países en los que aparecen plantaciones extensivas de este aceite en lugares donde hasta hace poco había bosque y pantanos de turba. El aceite de palma es uno de los cultivos más destructivos del mundo, con la soja ganando terreno rápidamente a su estela. Este aceite no solo se encuentra como producto de relleno en más de la mitad de los productos del supermercado, sino también en nuestros depósitos, en forma de biocombustible. Hay que poner fin a esto. La secretaria de Estado tiene intención de duplicar la cantidad de biocombustibles, formados por cultivos alimentarios como el aceite de palma, lo cual no tiene ninguna lógica. Me alegro de que el VVD también se muestre crítico con esta propuesta tan nociva para el clima con la que se acelera el retroceso de la biodiversidad. Muchas personas tienen que abandonar su tierra, los ríos se contaminan y la calidad del aire en el sudeste asiático es literalmente para asfixiarse, a causa de los enormes fuegos con los que se destruye el bosque para poner estas plantaciones. Por tanto, la cantidad de biocombustibles convencionales no debe aumentar, sino que más bien se debe reducir a cero antes de 2020.

Parece que al menos el parlamento puede empujar a la secretaria de Estado a conservar la doble contabilidad y, por lo tanto, a no apostar por un aumento de la cantidad de aceite de palma en biocombustibles. Pero la producción de aceite de palma, por supuesto, no puede derivarse hacia nuestra industria alimentaria. La importación de aceite de palma debe detenerse por completo. ¿Puede responder a esto también la secretaria de Estado? Si entre todos decidimos que el aceite de palma no se puede utilizar como biocombustible —lo cual yo celebraría— también debemos trabajar para evitar que se utilice como producto de relleno en nuestros alimentos, porque la producción es igualmente dañina. En ese terreno también habrá mucho que hacer.